viernes, 23 de septiembre de 2011
Y otro día más la misma mierda. Yo me quedo parada frente al reloj rogando que los interminables segundos pasen, que si no tengo tus manos sobre mi piel, se me perfora el corazón, que no encuentro cosa más bonita que observar que tus ojos clavados en los míos, que no hay melodía más apropiada que tu voz susurrando mi oído...
domingo, 12 de junio de 2011
No puedo creerlo, cuando ya creía que eras agua pasada, que te había olvidado, me topo con una vieja foto nuestra. Se me paraliza el cuerpo, se me olvidan las palabras y el corazón me va a mil. Entonces me doy cuenta de que sigo añorando tus miradas y tu voz, de que aún echo de menos los lunares de tu cara, tu pelo alborotado y cómo se ponían rojas tus orejas. ¿Es que no se acabará nunca este sentimiento? Me es imposible no pensar en el "qué hubiera pasado" y en el "y si...". Desgraciadamente siempre hay algo que me lleva de vuelta a ti, a recordar tu aroma, y nuestros largos silencios contemplando la luna. Cómo olvidarlo, si me acostumbre a ti, con tus imperfecciones, que te hacían aún más perfecto. Hasta que todo se volvió negro. Y hoy, he encontrado la respuesta a mi eterna pregunta:
- ¿Por qué no puedo olvidarte?
- Porque nunca quise hacerlo, tú me obligaste.
- ¿Por qué no puedo olvidarte?
- Porque nunca quise hacerlo, tú me obligaste.
domingo, 5 de junio de 2011
Nunca nada es suficiente
Después de mil tropiezos,
de un buen puñado de besos
que chocan contra mi boca
ya un tanto rota,
abro los ojos y miro al nuevo día,
con mi alma al diablo mil veces vendida,
y pienso en el futuro
y aunque no tenga un puto duro,
busco esa droga que esconde el ser humano,
esa que igual que te la da, te la quita de las manos,
recorriendo infiernos
buscándola de cuerpo en cuerpo
esperando esa caricia
a la que sin quererlo te envicias,
y aparece, una y mil veces,
y cuando te has vuelto un puto yonki de su amor,
de su boca solo sale un adiós,
y vuelvo al punto de partida,
con el alma de nuevo herida.
Nunca nada es suficiente,
no sé ser demasiado inteligente,
no sé ser una diosa en la cama,
ni preparar desayunos al despertar,
no quiero ser tu ama,
ni hacerte desesperar,
no busco la relación perfecta,
y lo siento si me afecta,
duele despertarse sola
en esta cama que me ahoga,
que me queda grande ser perfecta,
que no siempre soy la alegría de la huerta,
pero quiero querer hasta que duela,
hasta que me sienta como un ave que vuela,
pero nadie por mi vela,
no soy suficiente,
es mi defecto más creciente,
y no sabes como se siente,
saber que nunca seré la única,
que bagaré siempre bajo esta túnica
de eterna soledad,
que me condena a darme cuenta de la única verdad,
que se acabó, que todo llega a su final,
amarga soledad.
viernes, 3 de junio de 2011
Y amaneció...
Amaneció, la vi irse sonriendo, con lo puesto,
por la puerta del balcón, el pelo al viento
diciéndome adiós, porque decidió
que ya estaba hasta las tetas
de poetas de bragueta y revolcón,
de trovadores de contenedor.
domingo, 15 de mayo de 2011
Puedo
¿Cuánto tiempo crees que podré bailar sobre tu mano
sin echarme a perder?
Nunca olvides que al final el siervo será el amo
si persiste en ver
que la misma luz que me ciega
guiará cada uno de mis pasos.
Será entonces cuando tú me echarás de menos,
tanto, tanto, tanto...
porque puedo ser romántico,
y puedo ser un cínico,
puedo ser auténtico,
y ser el más ridículo.
viernes, 6 de mayo de 2011
Stand by
Me da vértigo el punto muerto,
y la marcha atrás,
vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas,
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio,
las tardes de domingo, y hasta la linea recta.
Me enervan los que no tienen dudas,
y aquellos que se aferran a sus ideales
sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico,
y tanto sin sentido,
varado frente al mar, mientras el mundo gira.
jueves, 28 de abril de 2011
Quiéreme tú
Mi fiel amiga, compañera, la única que me acompaña cuando no hay nadie. La única que puede escucharme cuando grito en silencio, la única que ve caer mis lágrimas por dentro, la que me abraza y acoge en sus fríos brazos en las eternas noches donde ya no quedan sueños. Quiéreme, quiéreme tú, que inundas todo mi ser con esa facilidad. Tú que hasta estando los demás presentes, estás ahí, cuidando de mi dolor, de mis forzadas sonrisas. Tú que puedes apreciar en mis ojos cómo mi mundo se derrumba. Cuídame, recuéstame sobre tu espalda cuando me venga abajo. Quiéreme, Soledad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

